Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

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»—Ni una palabra, doctor, se lo suplico, ni un gesto… Hay un lamentable error y es por lo que debemos actuar en silencio y no llamar la atención de nadie. Antes que termine la función ya estará usted de regreso aquí, no me cabe la menor duda.

»El doctor se levantó y siguió al comisario. Pero al terminar la función no había regresado.

»Muy inquieta, la señora Delattre acudió a la Comisaría de Policía. Allí encontró al verdadero señor Thézard, y se enteró, con grave espanto, de que el individuo que había llevado detenido a su marido no era más que un impostor.

»Las primeras investigaciones han revelado que el doctor había subido a un automóvil y que éste se había alejado en dirección a la Concorde.

»En nuestra segunda edición tendremos a nuestros lectores al corriente de esa increíble aventura.»

Pero, por increíble que fuese, la aventura era verídica. Por lo demás, el desenlace no iba a hacerse esperar, y el Grand Journal, al propio tiempo que la confirmaba en su edición del mediodía, anunciaba en breves palabras el golpe de teatro con que terminaba, el fin de la historia y el comienzo de las suposiciones. Decía el periódico:


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