Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Harlington.»
Ese mismo día, Ganimard, provisto de una orden de detención, llevó a la prisión central al señor Harlington, ciudadano norteamericano, acusado de encubrimiento y complicidad en el robo.
Así, pues, en el espacio de veinticuatro horas, gracias a las indicaciones, verdaderamente inesperadas, de un muchacho de diecisiete años, todos los nudos de la intriga se desanudaban. En veinticuatro horas aquello que resultaba inexplicable se hacía sencillo y claro. En veinticuatro horas, el plan de los cómplices para salvar a su jefe estaba desbaratado, no había ya duda sobre la captura de Arsenio Lupin, herido, moribundo; su banda estaba desorganizada, se sabía ya su residencia en París, así como la máscara con la que se cubría y, por primera vez, se atravesaba de parte a parte, antes de que pudieran conseguir su completa ejecución, uno de sus golpes más hábiles y más largamente estudiados.