Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Le inundó un torrente de orgullo. En ese momento sintió verdaderamente la sensación clara de su fuerza y de su inteligencia.
–¿Enciendo la luz eléctrica? – dijo uno de los tres hombres, en quien Lupin reconoció al director de la prisión.
–No -respondió el más corpulento de sus compañeros, hablando con acento extranjero-. Basta con esta linterna.
–Debo marcharme.
–Haga conforme a sus deseos, señor -declaró el mismo individuo.
–Conforme a las instrucciones que me ha dado el Prefecto de PolicÃa, debo atenerme enteramente a los deseos de usted.
–En ese caso, señor, es preferible que usted se retire.
El señor Borély salió, dejando entreabierta la puerta, y permaneció afuera, al alcance de cualquier llamada.