Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Nada más…, o, más bien… porque es preciso no perder en modo alguno de vista el propio objeto de esta conversación…, o, mejor aún, un poco de buena voluntad por parte de uno de los dos grandes paÃses interesados…, y, a cambio de ello, el abandono de las cartas que están en mi poder.
–Esas cartas…, esas cartas -murmuró el extranjero con irritación-. Después de todo, quizá no sean de gran valor…
–Señor, eso está en manos de usted, y a ellas les ha atribuido usted valor suficiente para venir a verme a esta celda. – Bueno, ¿y qué importa?
–Pero es que hay otras cuya procedencia usted desconoce y sobre las cuales voy a proporcionarle algunos informes.
–¡Ah! – respondió el extranjero, inquieto. Lupin dudó.
–Hable, hable sin rodeos -ordenó el extranjero-. Hable claramente.
En el profundo silencio que allà reinaba, Lupin declaró con cierta solemnidad: