Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¡Su evasión!
Lupin se echó a reÃr con buen talante.
–Reflexione, señor director… Mi única excusa para estar en la cárcel es el lograr salir de ella.
El argumento no pareció bastarle al señor Borély, quien, a su vez, se esforzó por sonreÃr y dijo:
–Un hombre prevenido vale por dos…
–Eso es lo que yo he querido. Tome usted todas las precauciones, señor director; no descuide nada para que más tarde no tengan nada que reprocharle. Por otra parte, yo me arreglaré de tal manera, que cualesquiera que sean las molestias que tenga usted que soportar por el hecho de esa fuga, cuando menos su carrera no sufra las consecuencias. Eso es lo que yo querÃa decirle, señor director. Y ahora, puede usted retirarse.
Y mientras el señor Borély se alejaba profundamente desconcertado por aquel singular prisionero, y extraordinariamente inquieto por los acontecimientos que se preparaban, el detenido se arrojó sobre su lecho, murmurando: