Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Volvió a inclinarse hacia la ventanilla. El auto que los perseguÃa no estaba ya a más de doscientos o trescientos metros. Señalándoles a Lupin, les dijo a sus hombres:
–Amarradle. Y si se resiste…
Sacó su revólver.
–¿Por qué habrÃa yo de resistirme, simpático teutón? – dijo Lupin con sarcasmo.
Y luego, mientras le ataban las manos, agregó:
–Resulta verdaderamente curioso ver cómo la gente toma precauciones cuando éstas son inútiles, y no las toman en cambio cuando serÃa preciso adoptarlas. ¿Qué diablos puede hacerles este auto? ¿Pueden ser, acaso, cómplices mÃos? Vaya una idea.
Sin responder, el alemán dio órdenes al chófer:
–A la derecha… Disminuya la marcha… Déjelos pasar… Y si ellos también disminuyen la marcha, pare.