Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Allí pasó la noche.
Al día siguiente por la mañana, un oficial le condujo, cruzando un patio lleno de soldados, hasta el centro de una larga serie de edificios que se levantaban en círculo al pie de una colina donde se distinguían unas ruinas monumentales.
Lupin fue introducido en un amplio salón amueblado en forma discreta. Sentado ante una mesa escritorio, su visitante de dos días antes leía periódicos e informes, sobre los cuales marcaba gruesos trazos con un lápiz rojo.
–Que nos dejen a solas -ordenó al oficial.
Y acercándose a Lupin, añadió:
–Los papeles.
El tono ya no era el mismo de la visita anterior. Era ahora un tono imperioso y seco de amo y señor que está en su casa y que se dirige a un inferior… ¡Y qué inferior! Un estafador, un aventurero de la peor especie, ante el cual se había visto obligado a humillarse.