Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Estoy muy satisfecho de usted, mi querido conde. Creo que jamás he tenido un cicerone tan documentado, y, lo que es más raro aún, tan taciturno. Ahora, si usted quiere, podemos ir a desayunar.
En el fondo, Lupin no sabÃa ahora más que en el primer momento, y su desconcierto no hacÃa más que aumentar. Para lograr salir de la prisión y para impresionar la imaginación de su visitante, habÃa afectado que lo sabÃa todo, pero, en realidad, aún tenÃa que buscar por dónde comenzarÃa su investigación.
«Esto va mal -se decÃa a veces-. No puede ir peor.»
Por otra parte, no gozaba de su lucidez habitual. Estaba obsesionado por una idea: la del desconocido, del asesino, del monstruo que el sabÃa se encontraba siguiéndole los pasos.