Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Evidentemente, todo aquello había tenido éxito, de acuerdo con el capricho del enemigo, gracias a unas circunstancias propicias que bordeaban el milagro… Porque, en suma, él hubiera podido presentarse allí antes que el falso mensaje hubiera dado lugar a que se marchasen sus amigos. Entonces hubiera sido la batalla de su propia banda contra la banda de Altenheim. Lupin recordaba el proceder de Malreich, en el asesinato cometido por éste de Altenheim, y el envenenamiento de la loca de Veldenz… Lupin se preguntó si la emboscada estaba dirigida sólo contra él y si Malreich no habría entrevisto como cosa posible una batalla general, de la que resultase la supresión de sus propios cómplices que ahora le estorbaban.
Se trataba más bien en él de una intuición, de una idea fugitiva que brotaba en su ánimo. Pero la hora era de acción. Era preciso defender a Dolores, cuyo secuestro, en toda hipótesis, constituía la razón fundamental del ataque.
Cerró la ventana de la calle, echando el pasador, amartilló su revólver. Si hacía un disparo, provocaría la alarma en el barrio y los bandidos huirían.