Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin «He aquà una buena tarea cumplida -dijo, respirando fuerte-. Lástima que no hubieran sido cincuenta…, me encontraba en forma…, y todo ello con una facilidad tremenda…, con la sonrisa en los labios… ¿Qué piensas de esto tú, Chamarilero?
El bandido renegaba. Lupin le dijo:
–No te pongas melancólico, muchachote. Consuélate diciéndote que estás cooperando a una buena acción: la salvación de la señora Kesselbach. Ella misma te mostrará su agradecimiento por tu galanterÃa.
Lupin se dirigió hacia la puerta de la otra estancia y la abrió.
–¡Ah! – exclamó, deteniéndose en el umbral, paralizado y desconcertado.
La habitación estaba vacÃa.
Se acercó a la ventana y vio una escala apoyada contra el balcón. La escala era de acero desmontable.
–Secuestrada…, secuestrada -murmuró-. Luis de Malreich…, ¡ah!, ese pÃcaro…