Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Permaneció quieto durante algunos minutos, poniendo en orden sus ideas, y de pronto, recordando, hizo un movimiento instintivo de defensa, como si alguien le atacara.
«¡Qué imbécil soy! – exclamó, saltando de la cama-. Es una pesadilla, una alucinación. Basta con reflexionar. Si fuera él, si verdaderamente fuera un hombre de carne y hueso el que esta noche levantó el brazo contra mÃ, me hubiera degollado como a un pollo. Ese no titubea. Seamos lógicos. ¿Por qué me hubiera perdonado? ¿Por mis lindos ojos? No, he soñado, eso es todo…»
Se puso a silbar en tono bajo y se vistió, afectando la mayor calma, pero su espÃritu no cesaba de batallar y sus ojos buscaban…
