Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Arriesgándose a estrangular aquel hombre, le apretó la garganta un poco más, otro poco más y un poco más todavÃa.
Y entonces sintió que todas las fuerzas del enemigo, todo cuanto le quedaba de fuerzas, le abandonaban. Los músculos del brazo se aflojaron, quedaron inertes. La mano se abrió y soltó el puñal.
Luego, ya libre de toda amenaza por parte de su adversario, con la vida de éste suspendida en la temible garra de sus dedos, sacó su linterna de bolsillo, puso sin apoyarlo su Ãndice sobre el resorte y la acercó a la cara del hombre.
Ya no tenÃa más que apretar el resorte, que quererlo asÃ, y entonces ya sabrÃa todo.
Durante unos segundos saboreó su poder. Una ola de emoción se alzó dentro de él. Le invadió la visión de su triunfo. Una vez más, y en forma soberbia, heroica, él era el amo.
De un golpe seco hizo la luz. El rostro del monstruo apareció iluminado.