Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Unas pequeñas decepciones… Pero se acabó. Oye. ¿Está aquà Genoveva?
La anciana saltó sobre él, súbitamente furiosa:
–¿Vas a dejarla en paz? Genoveva… ¡Volver a ver a Genoveva, llevártela! ¡Ah!, pero esta vez yo no lo permitiré. Regresó aquà cansada, pálida, inquieta, y apenas si está recobrando el color. Tú la dejarás en paz, te lo juro.
Lupin apoyó fuertemente su mano sobre el hombro de la anciana.
–Yo la quiero… Lo oyes…, yo quiero hablarle.
–No.
–Le hablaré.
–No.
Lupin la empujó. Pero ella recobró el equilibrio y se interpuso frente a él, con los brazos cruzados sobre el pecho, diciéndole: