Poesia
Poesia No te engañe el dorado
vaso ni, de la puesta al bebedero
sabrosa miel cebado,
dentro al pecho, ligero,
5 Querinto, no traspases el postrero
asensio[130]. Ten dudosa
la mano liberal, que esa azucena,
esa purpúrea rosa[131],
que el sentido enajena,
10 tocada, pasa al alma y la envenena.
Retira el pie[132], que asconde
sierpe mortal[133] el prado, aunque florido;
los ojos roba: adonde
aplace más, metido
15 el peligroso lazo está, y tendido.
Pasó tu primavera:
ya la madura edad te pide el fruto
de gloria verdadera.
¡Ay! Pon del cieno bruto[134]
20 los pasos en lugar firme y enjuto,
antes que la engañosa
Circe[135], del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
25 te junte nueva fiera a su manada.
No es dado al que allí asienta,
