El Fantasma de la Ópera
El Fantasma de la Ópera La última frase de Moncharmin expresaba de forma evidente las sospechas que tenÃa de su colaborador, de tal modo que fue preciso una explicación inmediata y tormentosa por parte de Richard, quien decidió por fin aceptar la propuesta de Moncharmin con el fin de ayudarle a descubrir al miserable que se burlaba de ellos.
Asà llegamos al «entreacto del jardÃn» durante el cual el señor secretario Rémy, al que no se le escapaba nada, observó con tanta curiosidad la extraña conducta de sus directores. A partir de aquÃ, nada nos resultará más fácil que encontrar una explicación a actitudes tan excepcionalmente barrocas y sobre todo tan poco acordes con la imagen de dignidad que deben dar unos directores.
La conducta de Richard y Moncharmin venÃa enteramente determinada por la revelación que les habÃa sido hecha: 1.º) Richard debÃa repetir exactamente aquella tarde los gestos que habÃa realizado en el momento de la desaparición de los primeros veinte mil francos; 2.º) Moncharmin no debÃa perder de vista ni por un segundo el bolsillo de atrás de Richard, en el cual la señora Giry habrÃa depositado los segundos veinte mil francos.
En el lugar exacto en que habÃa saludado al secretario de Bellas Artes, se situó Richard, llevando a sus espaldas, a algunos pasos de distancia, a Moncharmin.
