El Fantasma de la Ópera
El Fantasma de la Ópera Sigue el relato del Persa
La voz repitió con furor:
—¿Qué estás haciendo con mi bolsa?
Christine Daaé no debÃa temblar menos que nosotros.
—¿Conque era para coger la bolsa por lo que querÃas que te desatara, di?…
Se oyeron pasos precipitados, la carrera de Christine que volvÃa a la habitación estilo Luis Felipe, como para buscar refugio junto a nuestra pared.
—¿Por qué huyes? —decÃa la enfurecida voz, que la habÃa seguido—. ¡Quieres devolverme mi bolsa! ¿No sabes acaso que es la bolsita de la vida y de la muerte?
—Escúcheme, Erik… —suspiró la joven—. Si a partir de ahora debemos vivir juntos… ¿qué puede importarle?… ¡Todo lo que es suyo me pertenece!…
Lo habÃa dicho de una forma tan temblorosa que inspiraba compasión. La desgraciada debÃa emplear toda la energÃa que le quedaba para superar su terror… Pero no serÃa con este tipo de supercherÃas infantiles, dichas con los dientes castañeteantes, como podÃa sorprenderse al monstruo.
—Sabes bien que la bolsa no contiene más que dos llaves… ¿Qué querÃas hacer? —preguntó Erik.
