La maquina de asesinar
La maquina de asesinar —Perdone, señor Lavieuville… El señor Gassier me dice que usted deseaba hablarme sobre el asunto de Corbilléres…
—En ello estamos, señor director. Mi coche me lo ha robado Benito Masson.
—¿Y se le ocurre a usted reclamarlo ahora, al cabo de tanto tiempo?
—No tanto tiempo. Sólo hace ocho dÃas.
—Olvida usted que a Benito Masson se le ejecutó hace más de tres semanas…
—Por eso vengo a verle. Lo que me sucede es inconcebible. Le repito que de no ser por el señor Gassier, a quien se lo he contado todo, pruebas en mano, jamás me hubiera atrevido a venir a verlo.
Bessiéres levantó los brazos, se dejó caer sobre una silla, se cogió la cabeza con las manos, presa de un furor sombrÃo, que, sin embargo, consiguió dominar, y dijo ferozmente al visitante:
—Le estoy escuchando ya.
—Tengo una asistenta a la que se conoce con el nombre de señora Langlois…
—¡Vaya por la señora Langlois!
—Algunas noches va a tomar manzanilla a casa de la señorita Barescat, que tiene una paqueterÃa…
—Perfectamente.
—También van la viuda de Camus, que alquila sillas en la iglesia, y el herborista señor Birouste…