La maquina de asesinar
La maquina de asesinar —Birouste, el herborista, se marchó a su casa loco de terror… Y allà encontró al terrible visitante cuidando a Cristina Norbert… Birouste, cada vez más asustado, echóse por el balcón… Entonces, o sea poco más o menos a las seis y media de la mañana, salÃa yo de la iglesia de San Luis de la Isla, donde acababa de oÃr misa, y me disponÃa a subir a mi pequeño automóvil de conducción interior, cuando el susodicho personaje me derribó, dejó a su vÃctima en mi coche, me despojó de mi ropa, y, por lo tanto, de quince mil francos que llevaba en la cartera, me entregó su capa, dio marcha al coche y desapareció por la orilla izquierda… Gassier ha podido enterarse después de que el coche siguió el camino de Pontoise… Allà ya no se le encontró… Pero el bandido, antes de desaparecer, se detuvo en el figón de Flottard, donde cometió no sé qué fechorÃa… Flottard se defendió clavándole en la espalda un enorme cuchillo de cocina, de que el personaje en cuestión ni tan siquiera pareció darse cuenta… ¡FÃjese bien en esto, señor director: ni tan siquiera sangró!… Como, por otra parte, el señor Gassier acababa de recibir ciertos informes muy precisos referentes a los trabajos particulares del relojero y del disector, a quienes ayudaba un empleado del anfiteatro llamado Bautista, que fue interrogado y que habló amenazándole con la justicia, Gassier expresó la idea de que muy bien pudiera tratarse, como le decÃa antes, del autómata…