La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Si bien el inspector Lebouc, por razones que pronto conoceremos, había abandonado la pista del muñeco sanguinario, Jaime Cotentin, a quien dejamos en Corbilléres frente a los vestidos hechos harapos de Cristina, se había dedicado con más actividad que nunca a perseguir a Gabriel…
El disector, tras el espanto del primer momento, creía haber adquirido, ya que no la certeza, al menos la esperanza de que su novia vivía. No hubiera podido decir exactamente cómo había terminado entre la joven y el temible autómata el drama que había revuelto toda la habitación. Pero muchos indicios le permitían creer que si de Cristina no había encontrado más que sangrientos guiñapos, se debían a que Gabriel se los había hecho quitar para que se pusiera ropa limpia y vestidos decentes, ya que en el suelo había etiquetas de un almacén de novedades de Melun que, además, le permitieron hacer una indagación mediante la que llegó a poseer inmediatamente preciosos informes.
