La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Catalina, al entrar al día siguiente en el cuarto de Jaime, dijo:
—Aquí hay una cosa para usted, señorito.
Y le entregó un sobre, en el cual había una carta de Cristina y unos recortes de diarios provincianos y de la capital. La carta decía:
«Querido Jaime: Ayer todo se deslizó mejor de lo que yo podía esperar. Gabriel, celoso de ti, como tiene derecho a estarlo, porque sabe que somos novios, se ha portado con una nobleza y una magnanimidad dignas de su esencia divina… ¡Puedes estar orgulloso de tu hijo!… Su pensamiento, libre, gracias a ti, de todo cuanto hace la desgracia y la bajeza del humano linaje, libre de la sujeción de los sentidos, se ha concentrado en toda su gloria, es decir, en toda su generosidad. Hubiera podido abrumarme a reproches y censurarme por mi falta de confianza; hubiera podido acusarme hasta de embustera. ¡Qué no he dicho yo de ti! Pero ni tan siquiera se ha hablado de ti…
