La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Habían pasado dos días desde aquellos terribles sucesos. Al anochecer, un hombre joven todavía, pero que no parecía encontrarse muy bien en diversos sentidos, se presentó en la posada de «El Árbol Verde» y pidió a la señora Muche las llaves de la finca de «Las Dos Palomas», que deseaba visitar y que estaba en venta, según rezaba un cartel colocado en la verja.
La señora Muche le dio las llaves y el joven en cuestión se alejó, seguido por la mirada de un hombre que estaba sentado ante una mesa de la sala y que hasta entonces había estado muy ocupado en la lectura de La Época, cuya primera página abundaba en títulos llamativos.
Citemos los principales: El muñeco sangriento, aplastado bajo los escombros de un edificio del bulevar Diderot. Dimisión del señor Bessiéres, director de la Seguridad General. Fantasías criminales de Lebouc, agente particular del señor Bessiéres.
También damos los principales párrafos del artículo encabezado por los títulos anteriores:
«Por fin estamos libres del muñeco sanguinario y también del señor Bessiéres, que en todo este asunto se ha mostrado muy por debajo de su cargo, de su cometido. No se sabe de qué hay que asombrarse más: si de su incompetencia o de su inconsciencia…
