El monje
El monje Avaunt and quit my sight! Let the Earth hide thee! Thy bones are marrowless; thy blood is cold; Thou hast no speculation in those eyes
Which Thou dost glare with! Hence, horrible shadow! Unreal mockery hence!
SHAKESPEARE, Macbeth
CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA DE DON RAIMUNDO
Mi viaje fue extraordinariamente agradable; el barón resultó ser un hombre con sentido, aunque sabía poco del mundo. Había pasado gran parte de su vida sin trasponer los límites de sus dominios, y consiguientemente sus modales distaban mucho de ser los más urbanos; pero era cordial, alegre y amistoso. Sus atenciones conmigo fueron todo lo buenas que yo podía desear, por lo que tuve todos los motivos para estar satisfecho de su hospitalidad. Su pasión predominante era la caza, que había llegado a considerar una ocupación seria, y cuando hablaba de alguna cacería, trataba el tema con la misma gravedad que si hubiese sido una batalla de la que dependiera el destino de dos reinos. Y como yo soy un deportista pasable, poco después de mi llegada a Lindenberg di alguna muestra de mi destreza. El barón me tuvo al punto por un hombre genial, y me juró eterna amistad.
