El monje
El monje Por último, resolvió dirigirse al marqués de las Cisternas para pedirle consejo y amparo, dado que era su pariente más próximo. Le escribió, informándole brevemente de su desolada situación; le suplicaba que se apiadase de la hija de su hermano, que le siguiese pasando a ella la pensión de Elvira y le autorizase para retirarse al viejo castillo que él poseÃa en Murcia, el cual habÃa sido su refugio hasta ahora. Después de lacrar la carta, se la dio a la fiel Flora, que inmediatamente salió a ejecutar la comisión. Pero Antonia habÃa nacido bajo el signo de una mala estrella. De haber recurrido al marqués tan sólo un dÃa antes, acogida como sobrina y colocada a la cabeza de su familia, habrÃa escapado a todas las desventuras que ahora la amenazaban. Raimundo siempre habÃa tenido idea de hacerlo asÃ, pero su esperanza, primero, de hacerle la proposición a Elvira a través de los labios de Inés, y después, su desencanto ante la pérdida de la prometida esposa, asà como la grave enfermedad que durante algún tiempo le habÃa tenido confinado en la cama, le obligaron a diferir de dÃa en dÃa el dar asilo en su casa a la viuda de su hermano. HabÃa encargado a Lorenzo que la proveyese de dinero en abundancia. Pero Elvira, poco deseosa de contraer obligaciones con este noble, le habÃa asegurado que ella no tenÃa necesidad inmediata de ayuda pecuniaria. Por tanto, el marqués no imaginaba que una pequeña demora por su parte pudiese originar ninguna dificultad; y el pesar y la agitación de su espÃritu podÃan muy bien excusar su descuido.