El monje
El monje Fórse sé tu gustassi una sól volta
La millésima parte délle gióje,
Ché gusta un cór amato riamando,
Diresti ripentita sospirando,
Perduto é tutto el tempo
Ché in amar non si spénde
TASSO
Después de escoltar los monjes a su prior hasta la puerta de su celda, fueron despedidos por éste con un gesto de consciente superioridad, en el que la apariencia de humildad luchaba con la realidad del orgullo.
Tan pronto como se quedó solo, dio rienda suelta a su vanidad. Al recordar el entusiasmo que había despertado su discurso, su corazón se infló de éxtasis, y su imaginación le presentó espléndidas visiones de engrandecimiento. Miró en torno suyo lleno de alborozo, y el orgullo le cantó que era superior al resto de sus semejantes.
