La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet A la señora Méry Laurent
El banquete anual de los Eventualistas, bajo la alta presidencia del doctor Tribulat Bonhomet, terminaba con apacibles brindis.
Era el instante delicioso en que, sonriéndonos unos a otros, se bebía a la salud de las «ideas» de las que cada cual se creía el principal, si no el único, depositario. Acababan de debatirse urgentes cuestiones bio-sociológicas: se daba por supuesto que los nombres de Stuart Mili, de Bain, de Smith y de Herbert Spencer —dando lustre a las fáciles banalidades que les atribuían sus frívolos citadores—, habían surcado períodos completos, como destellos en la noche.
Ahora los espíritus se dejaban llevar perezosamente por el curso de esas corteses controversias con que las gentes de buen gusto saben estimular sus lúcidas digestiones.
De repente, la charla (general, aunque íntima), a cuento de no se sabe qué interrupción, se hizo ALARMISTA. Y cuando apareció el café, fue pronunciada (¡horror!) la palabra «dinamita», vocablo sonoro por excelencia, a pesar de sus delicadas sílabas.