Antes de Adán
Antes de Adán En aquel momento las hileras superiores de cavernas se vaciaron de súbito. Casi todos los de la Horda que no estaban asfixiados salieron al mismo tiempo y huyeron penas arriba. Ésta fue la salvación de muchos de ellos. Los Hombres del Fuego no podÃan disparar sus flechas con tanta rapidez. Llenaron el aire de dardos, y muchos de los nuestros cayeron heridos y tambaleándose; pero algunos consiguieron ganar la cumbre y desaparecieron.
No era tan grande mi impulso de huir como el de la curiosidad. Los dardos habÃan terminado de silbar. ParecÃa como si hubieran huido los últimos miembros de la Horda, pero aún debÃa de haber algunos ocultos en las cavernas superiores. Dulce AlegrÃa y yo nos dispusimos a hacer una salida hacia la cumbre del acantilado. Al vernos prorrumpieron en una exclamación los Hombres del Fuego. No era yo la causa, sino Dulce AlegrÃa. Todos hablaban desaforadamente y la señalaban. No intentaron disparar ni un solo dardo. Comenzaron a llamarnos en voz baja, dulce y atrayente. Yo me detuve y miré hacia abajo. Ella, horrorizada, gemÃa y me impulsaba a seguir adelante. Subimos a la cumbre y poco después desaparecÃamos entre los árboles.