Aurora esplendida
Aurora esplendida 39
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Perfectamente, el siguiente amontonamiento de hielos, la siguiente obstrucción, no le había detenido todavía, pensó mientras cerraba los ojos y se quedaba dormido de nuevo.
Era día claro y el sol estaba casi en su cenit cuando abrió los ojos. El aspecto de las orillas indicaba que estaba en el poderoso Yukon- Sixty Mile no debía hallarse lejos. Sentíase terriblemente débil. Sus movimientos eran lentos, penosos e inseguros, acom-pañados de vértigos y mareos. Sentóse, coa el rifle al lado, mirando largamente a Elijah, pero no pudo ver si respiraba o no; estaba lejos, demasiado lejos para comprobarlo.
De nuevo comenzó a soñar y a meditar con intervalos de inconsciencia en los cuales ni dormía ni estaba sin sentido, ni se daba cuenta de nada en absoluto. Parecíale más bien que el cerebro se le paralizaba. Intermitentemente revisó en situación. Aun estaba vivo y con toda probabilidad se salvaría, pero, ¿cómo era que estaba tendido muerto de bruces en el bote sobre una capa de hielo. Entonces recordó el inmenso esfuerzo que había hecho.
