Aurora esplendida
Aurora esplendida 59
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Había ido a los Estados Unidos a jugar con hombres, no con mujeres; pero encontraba que los hombres no eran de su talla. Le parecian blandos, físicamente blandos, y adivinaba que eran duros en tratos, duros bajo una aparente molicie, con felina sua. vidad.
Se reunió con ellos en clubs, preguntándose interiormente qué habría de cierto en la camaradería de que hacían ostentación, cuúnto tardarían en sacar las uñas para despedazar la fácil presa.
- Esa es la cuestión-se repetía:-;qué harán cuando llegue el momento de liquidar la partida?
Sin poderlo remediar, sentíase receloso, juzgándolos más ladinos que él.
Por otra parte, irradiaban un aire de virilidad y de lealtad. Podrían despedazarse en una lucha, pero lo harían según las reglas del juego. Esa fué su impresión a la que unió el inevitable comentario de que entre ellos había de fijo un cierto porcentaje de granujas.
