Aurora esplendida

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CAPÍTULO II

Poco después Daylight fué a Nueva York. Una carta de John Dowset fué la causa, una simple carta de pocas líneas, escrita a máquina.

Pero Daylight se emocionó al leerla.

Recordó su emoción cuando, teniendo quince años, en Tempas Butte, Tom Galsworthy, el jugador profesional, le dijo, a falta de un cuarto para hacer una partida de póker: "Ven, muchacho, y toma una mano".

Ahora sentía la misma emoción.

Las breves palabras escritas a máquina parecían exudar misterio: "Nuestro míster Howison le visitará en su hotel. Es hombre (le toda confianza. No es conveniente que nos vean juntos, por razones que usted comprenderá cuando nos veamos".

Daylight releyó una y otra vez las palabras. ¡Por fin! El gran juego había llegado y al parecer le iban a invitar a tomar parte en él. Seguramente que por otra razón nadie invitaría tan perentoriamente a otra persona a hacer un viaje como el de cruzar el continente.

Se reunieron-gracias a "nuestro" míster Howison-en la parte alta de! Hudson, en una magnífica casa de campo.

Daylight, de acuerdo con las instrucciones recibidas, llegó en un automóvil particular que habían puesto a sus órdenes. No sabía a quién pertenecía ni tampoco la casa, rodeada de magníficos jardines.


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