Aurora esplendida
Aurora esplendida 67
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Al cabo de media hora salió de su ensimismamiento y se acordó del coctel; al difundirse por sus venas el fuego del alcohol, sonrió lenta y deliberadamente. Se burlaba de sí mismo. -¡Me han estafado!-murmuró.
Dejó de sonreír y su rostro se puso serio. Aparte de sus intereses en varios proyectos de urbanización en el Oeste-que todavía eran una carga-estaba arruinado. Pero el golpe más duro lo recibió su orgullo. Había sido fácil de engañar. Lo habían engañado como a un chino, y no podía probarlo. El más estúpido de los gañanes hubiera exigido algunos documentos, y en cambio, él no tenía más que "una palabra de honor" ¡Un acuerdo entre caballeros) Dió un resoplido al pensar en lo de "palabra de honor ". La voz de John Dowset, tal como la oyera por el receptor, parecíale sonar en sus oídos, cuando le decía: "Bajo mi palabra de honor". ¡Ladrones y estafadores) Eso eran. Los periódicos tenían razón. Había venido a Nueva York a que lo desplumasen, y los señores Dowset, Letton y Guggenhammer lo habían hecho. El era morralla, y habían jugado con él durante diez días, tiempo suficiente para tragárselo, con sus once millones.
