Aurora esplendida
Aurora esplendida 70
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- Dije que está usted equivocado, mÃster Harnish; eso es todo. Ha jugado a la Bolsa y ha perdido. Pero ni Ward, ni mis asocia- dos creemos deberle nada.
Daylight señaló el montón de recibos y matrices sobre la mesa.
- Eso representa diez millones veintisiete mil dólares de dinero contante y sonante. ¿No tiene aquà valor alguno!
Letton sonrió, encogiéndose de hombros. Daylight miró a Dowset, murmurando:
- Bien mirado, mi cuento tenÃa un doble sentido. Eran ustedes los que "daban" las cartas, y se dieron los cuatro ases. En fin… no protesto. Estaban en su derecho al dejarme más pelado que un huevo.
Miró el papel amontonado sobre la mesa con aire estupefacto. -Y todo eso no vale ni el papel en que está escrito. Reconozco que saben arreglar las baraja cuando tienen ocasión. ¡Oh! No me quejo. Pero ahora que hemos jugado la mano, y las cartas están sobre la mesa, y ha terminado su juego…
Su mano, como por encanto, apareció empuñando la pistola automática.
