Aurora esplendida
Aurora esplendida 73
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Pero las compañías ferroviarias habían previsto también esa contingencia, y Jones se encontró con que su rendimiento neto era exactamente el mismo.
- Por lo tanto-terminó Jones, lo dejé correr, y después de un año de vagabundear, volví a los ferrocarriles. Una cerilla bien colocada causó un incendio que hizo treinta mil dólares de daño, con lo que considero liquidada mi cuenta con las compañías. -¡Y no te da temor publicar esa información? -preguntóle Daylight. -¡Por qué? No puede probarlo nadie. Usted dirá que yo se lo he dicho, y yo diré que no es cierto, y… ¡de dónde sacará el jurado la verdad?
Meditabundo subió Daylight a su despacho. Lo que hacía posible el juego era que cada minuto nacía un tonto.
Si en vez de eso naciera un Jones por minuto, no duraría gran cosa la partida.
Pero había otras fases más amplias.
Todos y cada uno, cada cual en su esfera, procuraban sacar del juego cuanto podían, explotando al obrero, y no contentos con esa explotación, se robaban mutuamente.
A eso se llamaba "alta finanza".
