Aurora esplendida
Aurora esplendida Hal Campbell demostraba su habitual cautela; MaeDonald si mulaba un aíre benévolo, aunque un tanto exagerado; Jack Kearns tenía un aire frío y desapasionado, y Elam Harnish aparecía tan jovial y bromista como siempre.
En el centro de la mesa, el montón de fichas ascendía ya a once mil dólares.
- Se me han acabado las fichas-observó Jack lastimeramente, -Tendréis que aceptarme vales.
- Me alegro de que te decidas a seguir-fué la cordial respuesta de MaeDonald.
- Aun no me he decidido, pero llevo apostados mil dólares. ¡Cómo va el pozo?
- Te costará tres mil ver las cartas; pero nadie se opone a que subas. -¡Que suba el diablol Sin duda crees que tengo tan buenas cartas como tú.-Kearns miró sus cartas.-Pero… te diré una cosa. Tengo una corazonada y… ¡van los tres mill Escribió la cantidad en un papel, firmando con su nombre, y lo añadió al montón del pote.
Todas las miradas se concentraron en Luís, quien examinó nerviosamente sus cartas, hasta decidirse súbitamente -¡ Me voy ¡¡Yo no tengo ninguna corazonada l Y con sentimiento tiró sus cartas entre las del descarte. Inmediatamente la atención general se fijó en Campbell. -No quiero atropellarte, Jack-dijo, limitándose a añadir los dos mil dólares requeridos.