Aurora esplendida
Aurora esplendida 83
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porque no podía darse cuenta del encanto potente de la naturaleza que iba atrave- sando a través de la capa de la civilización que la urbe le había impuesto.
En la cumbre de la montaña Sonoma, no había cosa alguna, y solo, bajo el cielo azul de California, se detuvo en el borde Sur de le Cresta.
Vió los grandes campos de pasto, cortados por cañones umbríos, bajando ondulantes hasta Petaluma Valley, llano como una mesa de billar, formando una especie de tablero de distintos colores y geométrica regularidad.
Más allá, hacia el Oeste, se elevaban montañas y más montañas coronadas por la bruma que ascendía de la llanura-¡No había visto tanta extensión de terreno desde Dios sabe cuandol-dijo en voz altaLe pesaba tener que marchar, y tardó una hora en decidirse a emprender el camino de bajada.
Tomó otra vereda para cambiar de panorama, y empezaba el crepúsculo cuando llegó de nuevo a los oteros.
