Aurora esplendida
Aurora esplendida Se irritaba contra un estado de cosas que no permitÃa que un hombre se comportase con su secretaria como con cualquier otra mujer-¿Para qué sirven los millones?-se preguntaba.
Al acercarse la tercer semana, y ante la perspectiva de un tercer domingo solitario, se decidió a hablar. De acuerdo con su mo- do de ser/:l hizo con claridad y sin ambajes mientras ella recogÃa sus para retirarse.
- Escuche, miss Mason… Espero que no le molestará mi franqueza. Usted sabe que en los años que lleva aquà me he conducido siempre con lealtad. Precisamente por tenerla a mi servicio he procurado ser más cuidadoso de lo que indicarÃan las apariencias, mas eso no me hace ser menos humano. Soy un hombre que vive muy solo… no es que busque simpatÃa, pero quiero que comprenda lo que han sido para mà esos dÃas en que hemos salido juntos; y ahora me permitirá que le pregunte por qué no ha dado su acostumbrado paseo los domingos últimos.
Calló, esperando oÃr su respuesta.
Ella no contestó en seguida.
- He paseado-dijo-en otras direcciones.
- Pero, ¿por qué?…-no terminó la pregunta.
- Sea usted franca conmigo, como yo lo soy con usted. Por qué no ha vuelto a las colinas de Piedmont? La he buscado por todas partes.
