Aurora esplendida
Aurora esplendida 104
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Se calló un momento, triunfante-¿Y todo eso para que crezcan dos minutos donde ahora crece uno?-preguntó Dede sonriendo ante la afectación del misterio.
- Sí; el sistema de transbordadores entre Oakland y San Francisco es el peor de América. Usted misma lo usa seis días por semana, veinticinco al mes, o trescientos al año. ¿Cuánto tiempo invierte en el viaje? Cuarenta minutos cuando todo va normalmente o la suerte le es propicia- Si eso no es hacer crecer dos minutos en vez de uno, usted dirá. Le ahorraré veinte minutos en cada viaje, o sean cuarenta minutos diarios, que suponen al año doscientas horas- Supongamos que logre ahorrar doscientas horas a millares de personas. ¿No es esto un gran proyecto?
Dede sólo contestó con un ademán. Se le había contagiado su entusiasmo, aunque no sabía aún cómo se realizaría el milagro.
- Venga-le dijo.-Vayamos a aquella colina, y cuando estemos en la cima, desde la que podrá ver el terreno, hablaré con más claridad.
Siguieron una vereda accidentada, cubierta de maleza y que serpenteaba por entre matorrales y espinos, en los que se enzarsaban sus vestidos, dificultando su ascenso.
