Aurora esplendida

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El dejó su gorra y su impermeable en el hall y esperó a que Dedo hablara-Están muy atareados-dijo ésta indicando el gabinete, del que salían voces juveniles.Tendrá que venir a mis habitaciones. Ella le guió hasta ellas, y una vez dentro, Daylight se detuvo, mirando a su alrededor, fingiendo no mirar… Tan azorado estaba que no oyó su invitación a que se sentara- ¡Aquel era su domicilio! Le trastornaba la intimidad de la recepción y, sobre todo, una naturalidad que no esperaba.

Eran dos habitaciones: una, aquella en que estaban, evidentemente el-gabinete, y la otra, que entreveía, el dormitorio. Aparte de un tocador de roble con sus ordenados útiles, cepillos, peines y pequeñas nimiedades femeninas, no veía señal alguna propia de un dormitorio. El amplio diván, cubierto de almohadones, supuso sería la cama, aunque no concordaba con sus nociones preconcebidas.

Su impresión general fué de confort y belleza.

No había alfombras, y en el entarimado observó varias pieles de lobo; pero lo que más llamó su atención fué una Venus yacente colocada sobre un piano, ante un fondo de piel de león en la pared. Y hasta Dede le sorprendió, por parecerle más mujer que nunca, más femenina con su."negligé" casera, formando parte de la at- mósfera de quietud y belleza. -¿Quiere usted tomar asiento?-repitió.


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