Aurora esplendida
Aurora esplendida - ¡Oh! Ya me hago cargo de que soy un idiota-explicó.-Yo… Me parece que me voy a sentar. No tenga miedo, miss Mason, no soy peligroso.
- No tengo miedo-contestó la joven sentándose a su vez,-aun- que, la.verdad, por el momento me sobresaltó usted… -¡Es curioso?-dijo Daylight suspirando.-Aquà me tiene usted, lo bastante fuerte para doblegar hombres y bestias a mi voluntad, sentado en esta silla, más débil y desvalido que un cordero-. ¡Puede usted decir que me trastorna!
Dede se estrujaban vano el cerebro buscando palabras. Lo que más le impresionaba era la tremenda seguridad del hombre que in- terrumpÃa su violenta declaración para hacer observaciones extemporáneas. Estaba tan cierto de conseguirla que podÃa permitirse generalizar sobre el amor y sus efectos.
Ella vió su mano buscando instintivamente el bolsillo donde guardaba su petaca.
- Si quiere fumar, puede hacerlo.
Daylight sacó la mano del boLsillo tan violentamente como si 1e hubiera picado una vÃbora.
