Aurora esplendida
Aurora esplendida 130
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- Son nuestros-le dijo.-Y sólo representan una muestra de lo que es lo demás. Espera a ver el gran cañón. En cuanto a la caza, esa montaña está plagada de ciervos y martas… Hasta encontraremos algún coatí casi con toda seguridad. Y hay una pradera… bueno, es preferible no decir nada más. Espera y verás por ti misma. Al dejar tras sí los campos de heno, anunció:
- Estamos ahora en terreno nuestro. Cruza en sentido diagonal hasta llegar a lo más abrupto.
Como en el primer día de su visita, dejaron la cantera de marga a un lado y siguieron por el bosque.
Dede estaba en perpetuo éxtasis. Junto al manantial crecía un lirio salvaje y el suelo era una verdadera alfombra de campánulas de todas clases. No desmontaron, continuaron hasta el cañón en el que el arroyo se había abierto paso entre los oteros. Pasaron bajo los fornidos árboles encontrando luego un enmarañado bosque de robles y madroños, hasta desembocar en un raso de varios acres de extensión en el que la mies llegaba ya a la cintura. -¡Nuestro! -exclamó Daylight.
