Aurora esplendida
Aurora esplendida Al volver la cabeza vio a la mujer y notó en su mirada una expresión de simpatÃa. -¡Hola, Virgen!-exclamó.-¡Hola, Charley! Qué os ocurre? ¿Por qué ponéis esas caras cuando los ataúdes sólo valen tres onzas de oro en polvo? ¡Venid y bebed! ¡Venid, todos, cadáveres insepultos y elegid vuestro veneno! Esta es mi noche y voy a correr!a gran juerga. Mañana cumpliré treinta años y seré un viejo. Es mi último adiós a la juventud. ¡Estáis conmigo? ¡Venid, pues! -¡Aguarda, Davis!-gritó al croupier del faraón, que iba a levantarse de su silla.-Voy a jugar y veremos si beben todos a cuenta mÃa o a cuenta tuya.
Sacando un abultado saquito de oro en polvo, lo puso sobre la carta más alta.
- Cincuenta-dijo.
El croupier tiró dos cartas: La más alta ganó. En un trozo de papel anotó la cantidad y el pesador de!a taberna pesó oro en polvo por valor de cincuenta dólares, que echó en el saquito de Burning Daylight.
HabÃa terminado el vals, y las tres parejas, seguidas del violinista y del pianista, que se dirigÃan al mostrador, fueron vistos por Daylight, quien gritó: -¡Venid aquÃ! ¡Pedid lo que queráis! ¡Corre de mi cuenta! Es mi noche, y no es una noche que se repite con frecuencia… Venid, vagabundos, comedores de salmón. Esta es mi noche.
