Aurora esplendida
Aurora esplendida En Sixty Mile renovaron sus provisiones, añadieron unas cuantas libras de cartas a su cargamento y prosiguieron la marcha.
Desde Forty Mile habían tenido que ir abriendo pista, y sabían que habrían de hacer lo mismo hasta Dvea.
Daylight lo soportaba magníficamente, pero el esfuerzo comenzaba anotarse en Kama, pero su orgullo le impedía quejarse, aunque el resultado del enfriamiento pulmonar no podía ocultarse. El tejido pulmonar afectado por la helada empezaba a supurar, ocasionando una tos seca y convulsiva, que aumentaba al menor esfuerzo, llegando a ser verdaderos paroxismos. Los ojos se le congestionaban, lagrimeándole. El humo del tocino frito bastaba para provocar una crisis de media hora, teniendo que apartarse cuando Daylight cocinaba.
Días y más días prosiguieron la dura marcha, sobre la nieve blanda, sin apisonar. Era labor monótona y pesada, sin las alegrías y la exaltación de la veloz carrera sobre la pista helada y endurecida. Faena penosa, tanto para uno como para otro, pues se relevaban en esta operación, el ir delante del trineo, apretujando la nieve continuamente- Apisonaban un metro de nieve, y el patín, en forma de raqueta, hundíase en ella más de doce pulgadas con el peso del hombre. Los patines, en tales condiciones, requerían tremendo esfuerzo muscular.
