El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler La brisa de la tarde se había levantado y llegaba ahora alborotada del Pacífico. Angel Island desaparecía rápidamente por la popa y comenzaba a distinguirse la parte de San Francisco más próxima al mar, cuando el Dazzler surcó aquellas aguas. Pronto se hallaron rodeados de embarcaciones y pasando entre navíos llegados de todos los extremos de la tierra. Más tarde cruzaron la ruta de los barcos que, abarrotados de gente, cruzan la bahía desde San Francisco a Oakland. Uno de ellos pasó tan cerca que los pasajeros se agolparon a la borda para ver el pequeño bergantín, tan gallardo, y a los dos muchachos del sollado. Joe contempló con envidia la hilera de rostros inclinados. Todos volvían a sus casas, mientras que él no sabía adónde iba, dependiendo esto de la voluntad de French Pete. Estaba casi tentado de gritar pidiendo socorro, pero se dio cuenta de la locura de semejante acto y se contuvo. Volvió la cabeza, y sus ojos erraron a lo largo de los elevados edificios empenachados de humo que formaban la ciudad, y se puso a meditar sobre las extrañas costumbres de los hombres y de los barcos en el mar.
Frisco Kid le observaba por el rabillo del ojo, siguiendo sus pensamientos con la misma exactitud que si los hubiese expresado en alta voz.
