El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Toda la tarde estuvo el Dazzler balanceándose en un anclaje, y al oscurecer cesó traidoramente el viento. Esto y el ejemplo de French Pete animaron al resto de los pescadores de ostras a intentar una incursión durante la noche; pero revisaron cuidadosamente las amarras y sacaron las áncoras de reserva.
French Pete ordenó a los dos muchachos que embarcaran en el bote, y con inminente riesgo de zozobrar llevaron otra áncora y la dejaron caer formando ángulo recto con la primera. French Pete soltó después una gran cantidad de cadena y cuerda, a fin de que el Dazzler pudiese retroceder un centenar de pies o más y anclar con mayor facilidad.
Al abrigo del sollado, Joe contemplaba el mar embravecido. Los bancos de ostras estaban fuera, en alta mar, donde no había refugio alguno, y el viento, barriendo el agua en una superficie de doce millas, levantaba unas olas tan tremendas que a cada momento parecía que iban a voltear a los zarandeados bergantines. Un poco antes del crepúsculo se alzó una vela a barlovento y fue subiendo hasta convertirse en la enorme vela mayor del Reindeer.
