El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Izad la vela mayor y levad el ancla! —gritó el francés—. ¡Y luego a seguir al Reindeer! ¡No encendáis las luces laterales!
—¡Ven! Suelta aquellos tomadores… ¡aprisa! —ordenó Frisco Kid—. Ahora a las drizas del penoi… aquÃ, aquella cuerda… suelta la clavija. Y no la ices cara a mÃ. ¡Eso es! ¡Aprieta cuanto puedas! Luego la desplegaremos. Corre a popa y ocúpate de la vela mayor. ¡Empuja el timón hacia arriba!
Bajo el súbito impulso de la vela mayor, el Dazzler se encabritó y tiró del áncora como un caballo impaciente, hasta que el hierro encenagado dejó el fondo de un tirón y quedó libre.
—¡Suelta la lona! ¡Vuelve a proa y ayúdame a subir la cadena! ¡Sostén para que pueda aflojar el foque!
Frisco Kid, el muchacho que se extasiaba ante las niñas de las revistas ilustradas, habÃa desaparecido, y sobre cubierta quedaba únicamente el marino fuerte y dominador. Corrió a popa y viró en redondo cuando el foque se agitó en lo alto por mano de Joe, que fue a reunÃrsele en seguida. En aquel preciso instante, el Reindeer, como un murciélago monstruoso en la oscuridad, pasó a sotavento.
