La peste escarlata y El idolo rojo

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Luego, había tres hombres jóvenes: Gardiff y Holey, antiguos granjeros, y Waingwright, un hombre del vulgo, ex jornalero.

Los tres, mientras erraban habían encontrado mujer. Holey, un bruto analfabeto, había dado con la señora Isadora, que era, junto con Vesta Van Warden, la más hermosa entre las mujeres de California que habían escapado de la peste escarlata. Era una cantante admirable, universalmente célebre, y se encontraba de gira en San Francisco cuando estalló el azote. Me contó durante horas y horas su aventura hasta que fue recogida, y sin duda salvada de la muerte, por Holey en el bosque de Mendocino. Se convirtió, y pocas alternativas tenía a ello, en la mujer de aquel hombre que, bajo su exterior y a pesar de su ignorancia, era honrado y bueno. Así que Isadora era mucho más feliz con él que Vesta Van Warden con el Chófer.

Las mujeres de Gardiff y de Waingwright eran muchachas del pueblo, robustas y de sólido armazón, acostumbradas a los trabajos manuales; eran justo el tipo adecuado para la nueva existencia que vivían.

Añadid, para completar el total, a dos idiotas escapados del manicomio de Napa, a seis niños, nacidos después de la formación de la colonia, y, finalmente a Bertha.


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