Martin Eden
Martin Eden —¡Venga, vamos a ese local! —dijo Brissenden, aún muy débil por la hemorragia que habÃa sufrido media hora antes, la segunda en tres dÃas.
TenÃa en la mano el eterno vaso de whisky, y lo apuraba con dedos temblorosos.
—Pero ¿para qué necesito yo el socialismo? —preguntó Martin.
—Los asistentes tienen cinco minutos para hablar —le animó el enfermo—. Levántate y suelta un discurso. Diles lo que piensas de ellos y de su moral de gueto. Arrójales a Nietzsche y defiéndete de sus ataques. Arma un buen jaleo. Les sentará bien. Lo que ellos quieren es someter el tema a discusión, y tú también. Me gustarÃa verte convertido en socialista antes de mi desaparición. Dará sentido a tu vida. Es lo único que podrá salvarte en la época de decepciones que se te avecina.
—Me cuesta comprender que tú, precisamente tú, seas socialista —exclamó Martin—. ¡Con el odio que te inspiran las masas! Estoy seguro de que no hay nada en el populacho que tu alma de esteta pueda admirar —señaló con un dedo acusador el vaso de whisky que el otro estaba llenando de nuevo—. Y el socialismo no parece salvarte.
