Martin Eden
Martin Eden Y se encontró en medio de su antiguo grupo… de su antiguo grupo, con alguna que otra ausencia y alguna que otra cara nueva. Los jóvenes no eran albañiles, pero, como en los viejos tiempos, asistían a las comidas campestres por el baile, las peleas, la diversión. Martin bebió con ellos y empezó a sentirse nuevamente un ser humano. Era un necio por haberse alejado de los suyos, pensó; y estaba seguro de que habría sido más feliz si se hubiera quedado con ellos y hubiera dejado en paz los libros y las personas importantes. Pero la cerveza no le parecía tan buena como antaño. Sabía diferente. Brissenden había echado a perder su afición por esa bebida, concluyó; y se preguntó si, después de todo, los libros no habrían echado a perder su relación con aquellos viejos amigos. Decidió que no lo permitiría, y se dirigió al pabellón de baile. Se encontró con Jimmy, el fontanero, en compañía de una joven alta y rubia que en seguida le abandonó por Martin.
—¡Diablos… como en los viejos tiempos! —explicó Jimmy al grupo mientras Martin y la joven se alejaban bailando un vals—. Pero ¡da igual! Estoy tan contento de verlo… Mirad qué bien baila. ¡No se puede culpar a las chicas!