En las ceremonias solitarias que realicé en las colinas, adorando con fuego y espada, con agua y daga, y con la ayuda de la extraña hierba que crece en ciertas partes del MASSHU, con la cual, inadvertidamente, había encendido la hoguera al lado de la roca, esa hierba que le otorga a la mente un gran poder para viajar tremendas distancias en los cielos, lo mismo que en los infiernos, recibí las fórmulas para los amuletos y talismanes que se detallan más adelante y que le proporcionan al Sacerdote un pasaje seguro entre las esferas por donde tal vez viaje en busca de la Sabiduría.
Pero ahora, transcurridas Mil y Una lunas del peregrinar, el Maskim mordisquea mis talones, el Rabishu tira de mi pelo, Lammashta abre sus temibles fauces, AZAG-THOTH se regocija malignamente en su trono, KUTULU alza la cabeza y observa a tra
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