El diario de Alonzo Typer
El diario de Alonzo Typer Los Rasgos de aquel espantoso híbrido Joris engendrado en 1773 por la hija más joven del viejo Dirck eran los más claros de todos, y pude reconocer los ojos verdes y ese aspecto de ofidio en su cara. Cada vez que apartaba la luz, ese rostro parecía crecer en la oscuridad, hasta que acabé imaginando que relucía con una débil y verdosa luz propia. Cuanto más miraba, más maligno me parecía, y me retiré para evitar las alucinaciones sobre expresiones cambiantes. Sin embargo, me volví para toparme con algo peor. La larga, adusta y diminuta faz, los ojos juntos y las facciones porcinas le identificaban enseguida, a pesar que el artista se había esforzado en hacer aquel hocico tan humano como era posible. Era aquel sobre el que V… había susurrado. Mientras me sobresaltaba horrorizado, creí detectar un fulgor rojizo en los ojos… y, por un instante, el fondo del lienzo pareció convertirse en una extraña y aparentemente irrelevante escena: un solitario y yermo páramo bajo un sucio cielo amarillo, donde medraban matorrales de endrino de aspecto mísero. Temiendo por mi cordura, escapé de la maldita galería, escaleras arriba, hacia mi rincón limpio de polvo donde tengo mis “cuarteles”.