El diario de Alonzo Typer
El diario de Alonzo Typer “Los secretos de los monstruosos Primordiales”, rezaba el enrevesado texto, cuyas crípticas palabras hablan de los mundos ocultos que existieron antes del hombre; las cosas que nadie en la Tierra debe aprender, a no ser que la paz le abandone por siempre, y que nunca serán por mí reveladas. De Yian—Ho, esa perdida y prohibida ciudad de incontables eones cuyo emplazamiento no debe mencionarse, donde estuve en la verdadera carne de este cuerpo, tal y como ningún otro viviente ha hecho. Allí lo encontré, y por eso lo llevé conmigo: este conocimiento que olvidaría de buena gana, pero no puedo. He aprendido cómo salvar una brecha que no debía ser cruzada, y debo reclamar sobre la Tierra a Esa Entidad que no debe ser despertada o convocada. Y lo que es enviado a seguirme no me permitirá descansar hasta que yo, o mis descendientes, encontremos y hagamos lo que debe ser encontrado y hecho. Eso que he despertado y traído conmigo, no puedo alejarlo. Ya que está escrito en el Libro de las Cosas Ocultas. Esto que he convocado ha enroscado su espantosa figura a mi alrededor y si no vivo lo bastante para cumplir lo ordenado sobre aquellos niños nacido o nonatos que me seguirán, hasta que el mandato sea cumplido. Extrañas serán sus uniones, y espantosa la ayuda que deberán prestar hasta que el fin sea alcanzado. En las tierras desconocidas y brumosas deberán buscar, y una casa será construida para los Guardianes Exteriores. Ésta es la llave del cerrojo que me fue dado en la temible, antigua de eones y prohibida ciudad de Yian—Ho, el cerrojo que yo o los míos, debemos emplazar sobre el vestíbulo donde Esa Entidad puede ser encontrada. Y quieran los Señores de Yaddith socorrerme, o socorrer a quien deba poner este cerrojo en su sitio o girar la llave.